lunes, 7 de noviembre de 2016

Hacia una nueva mayoría

Mañana martes, 8 de noviembre de 2016, los puertorriqueños nos dirigimos hacia nuestro compromiso con las urnas electorales. Estas elecciones son, a mi juicio, las más importantes en los últimos 25 años. Ahí se decide el rumbo que tomará Puerto Rico en los próximos años.

Hay un nuevo jugador en el escenario que hace 25 años no hubiésemos imaginado que estaría en el mismo. Como sabemos, el Congreso de los Estados Unidos, aprobó la llamada ley PROMESA, o la que creó la Junta de Control Fiscal, para atender los asuntos de la deuda pública de Puerto Rico. Ese jugador ya está en la mesa; el mismo, no fue invitado, sino más bien, impuesto. Esa Junta, vendría siendo la agencia de cobro encargada de hacer valer los pagos a los que una vez prestaron su dinero al Pueblo de Puerto Rico. Nadie se ha negado a pagar la deuda, todo lo contrario, se ha puesto sobre la mesa opciones para esos pagos. Sin embargo, los bonistas y especuladores, quieren que se les pague y ya, no importa el costo social que eso implique.

Mañana el Pueblo de Puerto Rico, tendrá en sus manos la persona idónea que vaya a defender los intereses del país; que ponga al país "por encima de todo", como decía el presidente del Senado, Antonio R. Barceló, en los tiempos en que presidió dicho cuerpo legislativo. Puerto Rico tiene que decidir, si esa persona a quien se le encomendará los destinos del país se entrega a los bonistas y a la Junta, o si esa persona de verdad defiende los intereses de la gente de a pie, como decimos en el argot pueblerino.

En la papeleta están seis candidatos. Todas personas buenas e intencionadas con el país. Sin embargo, nuestra realidad política, es que de esos seis, solo dos tienen opciones reales de llegar a la Fortaleza. Estos son: el Dr. David Bernier y el Dr. Ricardo Rosselló. Los otros cuatro no tienen opciones de triunfo. De eso se trata esta elección. De esos cuatro, dos son candidatos llamados "independientes", uno de estos ha sido un empresario que tal vez ha sido bonista y buscará la forma de recobrar lo que ha invertido, tal vez ese sea su interés; la otra candidata independiente, ha dicho tantas cosas que a veces raya en lo absurdo, y nadie sabe con certeza lo que ha dicho. Es más, su campaña ha sido en más en las llamadas "redes sociales" que en el contacto directo con la gente, desconoce el palpitar de un pueblo, desconoce como viven y como actúa la gente, porque se ha dedicado a decir nada que sea útil para el país. Con apretar un botón basta, en días pasados se dedicó a respaldar a una retrahila de candidatos por acumulación en Cámara y Senado, a sabiendas que se vota solo por un candidato en los precintos electorales. Así no se hace buena política y no se orienta a nadie. Esa candidata ha dicho que privatizará la UPR, despedirá empleados públicos, y otras cosas absurdas; quiere legalizar la marihuana porque, según élla, "generaría dinero al erario". Además, si el pueblo se volviera loco mañana, no tendría quien le implemente sus medidas legislativas, porque no tendría ningún apoyo en la Asamblea Legislativa ni en las alcaldía, sería un país a la deriva. Un absurdo total. Ni cree en Dios, ha dicho. Los otros dos candidatos sin posibilidades de éxito, son de dos partidos nobles, que nacieron del corazón de una gente buena, que buscan, desde sus ópticas, lo mejor para Puerto Rico, pero no tienen ninguna oportunidad.

Mañana está en juego como mencioné más arriba quien está más capacitado para gobernar al país. De esos dos, el Dr. Bernier o el Dr. Rosselló. Estableceré los asuntos del segundo en primer término. El Dr. Rosselló, es hijo del Dr. Pedro Rosselló, quien gobernó a Puerto Rico de 1993 a 2000. Ese gobierno que dirigió su padre, es pasado y el pueblo lo adjudicó en su momento. Sin embargo, el hijo no es igual al padre. Su padre antes de ser Gobernador, fue funcionario público dirigiendo el sistema de salud de la Capital, y había sido candidato a Comisionado Residente por su partido. Ahora bien, el hijo Rosselló, hasta el momento, no ha tenido un desempeño en un cargo que uno pueda observar sus aciertos y deshaciertos. Ni en la empresa privada ni en la pública. Como profesor universitario, no ha dirigido ni un departamento académico, ni ha tenido una publicación en su área de especialidad que sea visible al público, y criticado por el público, solamente en revistas académicas a los que llega, a una clase en particular. Propone solamente la estadidad como el remedio para solucionar los problemas de Puerto Rico. De eso se pasa hablando cada vez que tiene un micrófono en mano. De estadidad, de estadidad, de estadidad y de estadidad. Ya han pasado 117 años y la estadidad no llega. Gente honorable y noble desde José Celso Barbosa, Federico Degetau, Rafael Martínez Nadal, Leopoldo Figueroa, Miguel Angel García Méndez, Luis A. Ferré, Carlos Romero Barceló, Pedro Rosselló y Luis Fortuño, han tratado de vender la estadidad al país y no han tenido éxito. ¿Podemos de verdad creer que Rosselló, el joven, traerá la estadidad en cuatro años? Quien piense así se equivoca y se ilusiona. Más de cinco generaciones han tratado y nada pasa en el Congreso.

Rosselló, el joven, sigue hablando de estadidad y no ofrece una solución real al país de desarrollo económico para que nuestra economía vuelva a resurgir, después que su padre y su gente atacaran y entregaran inmisericordemente la sección 936 del Código de Rentas Internas de los Estados Unidos, que generaba riquezas al país, empleos y una buena vida y, de la cual, los Estados Unidos también se beneficiaba. Por eso el país está como está. Rosselló, el joven, y lo llamo así para diferenciar de su padre- como en los tiempos de la antigua Roma que a Catón, el viejo, censor, militar y distinguido defensor de los valores romanos en los tiempos de la República se le diferenciaba de Catón el joven, su biznieto, quien fue un inescrupuloso fanático en el Senado romano- no tiene ningún tipo de experiencia laboral que se pueda evidenciar su paso por algo en la vida. Quiere llegar a ser Gobernador sin haber pasado por una experiencia de trabajo y demostrar liderato y entereza de carácter. Se muestra, al igual que Catón el joven, un fanatismo ideológico al extremo. Y eso sí que es perjudicial al país. No se le escucha decir nada sobre buena gobernanza, ni mucho menos, la búsqueda de consenso para sacar al país del problema de la deuda pública que mantiene. Solo su fijación es ideológica y llega al fanatismo extremo. Además, y lo ha demostrado sus palabras, quiere achicar el gobierno que significa encarecer los servicios públicos a lo que cueste, solo para pagar la deuda pública. La UPR ni se diga, hará lo que sea para que nuestro primer centro docente quede desmantelado, solo para pagar la deuda y cumplir así con los que le financian su campaña política. Las corporaciones públicas, como el Fondo del Seguro del Estado, sería cosa del pasado, entregarlo a los intereses privados. Ese es Rosselló, el joven. Aristósteles, un griego de corazón, en el siglo IV antes de Cristo, advertía en uno de sus libros de La Política, que el gobierno de una ciudad debe ser dirigido por una persona que tenga la experiencia y la capacidad, que se haya preparado para ejercer un servicio público distinguido a la ciudad, en este caso al país.

La estadidad no está en la papeleta, ni mucho menos, ninguna otra opción de status. Aquel que diga que si en estos cuatro años no se movió nada del status porque fueron "cobardes" los que están en el poder, se convertirán en cómplices de lo que pase en Puerto Rico en los próximos cuatro años de prevalecer, no solamente lo absurdo, sino la masacre a lo que somos como pueblo. De estos que piensan así, el no tomar la decisión correcta mañana.

El único candidato que a mi juicio cumple con el país- y si ponemos en práctica lo que nos dice Aristóteles en su libro IV de La Política-, es el Dr. David Bernier Rivera.

Conozco a David desde que él era un niño. Lo vi crecer junto a nosotros en mi querido Patillas, en San Benito, pueblo del sureste de Puerto Rico, de gente sencilla, humilde, de trabajadores, de picadores de caña, de agricultores; de ganaderos, de excelentes maestros de escuela pública, pueblo que ha tenido a gente ilustre como mi padre, que dieron lo mejor de si para el país.

David, nos propone una Nueva Mayoría. Una Nueva Mayoría sin fanatismo ideológico, sin prejuicio contra nadie; David, y esto me consta, en sus trabajos en el servicio público y en la empresa privada, ha puesto en práctica lo que predica. Ese es David Bernier. Un joven deportista, sano, respetuoso con el otro, de consenso, un diplomático de verdad. Todo un hombre de estado.

En esa Nueva Mayoría yo me apunto, y te invito a que te unas. El único que tiene a nuestros pensionados en su mente; el único que puede y tiene la capacidad de defender el servicio público; el único que puede lograr consensos en el país, el único que tiene a nuestra Universidad de Puerto Rico en su corazón, porque la vivió y la conoce; David, nos ha presentado el camino para redirigir nuestra economía con la búsqueda de la Sección 245- A; Rosselló, el joven, no nos ha presentado el camino de la recuperación económica, solo la estadidad como la gran panacea.

Demos esa oportunidad a la Nueva Mayoría. De eso se trata esta elección.

martes, 28 de junio de 2016

La ampliación del Canal de Panamá

El pasado domingo, 26 de junio de 2016, el pueblo panameño hace nuevamente historia. Se inaugura el tercer juego de esclusas, que vienen a añadir valor económico y social al pueblo panameño, al emprender la construcción de esas nuevas facilidades, y sumarlas a las ya centenarias existentes. El reto fue grande, complejo y difícil, sin embargo, lo han logrado. La historia de la construcción del Canal de Panamá se remonta hacia las últimas décadas del siglo XIX. Los franceses y estadounidenses, se embarcaron en este proyecto que, en algunos momentos, parecía misión imposible. No obstante, a los retos que suponía la propia naturaleza y complejidad del itsmo panameño, se pudo lograr romper esas barreras, con el propósito que sirviera para el comercio marítimo mundial que, para ese entonces, se ampliaba. 

Ciertamente, los Estados Unidos en su hambriento poder imperial, logró sacar del medio a los colombianos, ya que Panamá era una provincia de Colombia, logrando que los panameños se levantaran y reclamaran su independencia. Eso lo lograron el 3 de noviembre de 1903. Estados Unidos creó a Panamá como país independiente, y a cambio de esa ayuda en su independencia, se las ingeniaron en el Tratado Hay- Buneau Varilla, que cedía originalmente por 999 años (a perpetuidad), una franja de terreno, donde Panamá reconocería la injerencia exclusiva de los Estados Unidos en una zona que se le llamaría como la "Zona del Canal de Panamá". En nuestros años de escuela, recordamos los mapas de la región caribeña, donde identificaba a la llamada "Zona del Canal", separado, indicando que era un territorio independiente del resto de Panamá y controlado por los Estados Unidos. De hecho, el Congreso de los Estados Unidos, legislaba sobre la zona y el Presidente nombraba al Gobernador de la Zona del Canal; por lo tanto, era un territorio estadounidense. Allí, con el pasar del tiempo, instalaron importantes bases militares y aéreas, con la justificación de que era para la protección del Canal en territorio que les pertenecía, gracias al tratado original que les responsabilizaba por 999 años. Aunque años más tarde el tratado fue modificado a 99 años, la intención era la de permanecer allí por largo tiempo, y si posible, y no mediaran otras circunstancias, a perpetuidad. 

El Canal se construyó entre 1904 y 1914 bajo la ingeniería y responsabilidad estadounidense. Su construcción costó más de cinco mil vidas, entre los más de 40 mil obreros (aunque algunas cifras ubican la totalidad de 70 mil), por las enfermedades tropicales a que se expusieron los trabajadores traídos desde oriente, el Caribe, Centroamérica y Suramérica, entre otros lugares. El costo original del proyecto, suspuso una inversión de cerca de $400 millones de dólares. 

Hacia finales de la década de los 50 y principios de los 60 del pasado siglo, los panameños comenzaron a reclamar lo que les pertenecía por derecho priopio. Manifestaciones como la del mes de mayo de 1958 en la llamada "Operación Soberanía", donde manifestantes entraron a la Zona del Canal (restringido para el público panameño) sembraron 75 banderas panameñas en los jardines de la Zona, en señal de la necesidad de una salida de los Estados Unidos tanto del Canal como de la región; todo esto culminó con las manifestaciones del 9 de enero de 1964, donde estudiantes universitarios reclamaron que la bandera panameña se izara en la Zona del Canal del Panamá. Esta última llevó a que el presidente de Panamá, Roberto Chiari, rompiera relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, exigiendo a los Estados Unidos que la Zona regresara a manos panameñas. De hecho, en algunas instancias del siglo XX, la Marina de Guerra estadounidense había invadido a Panamá, reclamando su poder intervencionista, gracias a la Doctrina Monroe (1823) y al Corolario Roosevelt (1904), que le daban derechos a los Estados Unidos de intervenir en aquellos lugares de América Latina donde fuese necesario para proteger sus intereses económicos y políticos. Fue así igual en Haití, República Dominicana, Nicaragua, Venezuela, entre otras naciones del Caribe donde se sintió esa presencia.

Todas las presiones ejercidas por los panameños en las décadas de 1950, 1960 y 1970, rindió frutos cuando en el año 1977, los Estados Unidos decidió entregar la Zona del Canal a los panameños. Ese año se firmó el Tratado Torrijos- Carter, que pondría en marcha la entrega definitiva de la Zona al Gobierno de Panamá, y por consiguiente, la salida de todo vestigio colonial y militar de la Zona. Por los próximos 22 años, los estadounidenses, entregarían a los panameños: tierras, aeropuertos, hospitales, muelles y puertos; edificaciones, cuarteles militares, equipos, vehículos, bosques, lagos, plantas eléctricas e hidroeléctricas; plantas desalinizadoras de agua, la administración en general del Canal inlcuidas las esclusas de Miraflores, Gatún y Pedro Miguel. En fin, aquel tratado de 1977 supondría el fin de las operaciones del Canal bajo la dirección del Gobernador estadonidense. Panamá, por su parte, pondría en marcha la aprobación de nuevas leyes y una reforma constitucional por parte de su Asamblea Legislativa, que tendría el efecto de manejar la administración y operación del Canal, y todo una planificación ordenada de la Zona del Canal. Se aprobó la importante legislación que creó la Autoridad del Canal de Panamá, una corporación pública, dirigida por el estado, pero otorgándole poderes para operar de manera eficiente la compleja dirección del Canal. La Autoridad es un ente autónomo, de la cual, el pueblo panameño se beneficia.

El 31 de diciembre de 1999, a las 12:01 del medio día, los Estados Unidos salen de la Zona del Canal, entregan finalmente a Panamá la operación del Canal; y Panamá pone en marcha su plan de desarrollo de la Zona. Hay que señalar que los Estados Unidos desde la firma del Tratado Torrijos- Carter, fue entregando tierras y edificaciones a los panameños, especialmente las atesoradas bases militares, y a su vez, estos fueron ejerciendo el control de los mismos.

Cuando se realizó el traspaso de la Zona del Canal a los panameños aquel 31 de diciembre de 1999, publiqué un ensayo dividido en dos partes en el periódico El Nuevo Impacto, (periódico que circulaba en la ciudad de Guayama, Puerto Rico), en las ediciones del 16 al 22 de diciembre de 1999 y en la del 30 de diciembre al 5 de enero de 2000, titulado El Canal de Panamá ante el nuevo siglo: un poco de historia y un nuevo reto", donde hacía un poco de recuento histórico y la importancia de aquella celebración para los panameños y el resto de América Latina. En aquel entonces, se cuestionaba la capacidad de Panamá en sacar adelante ese proyecto canalero. Sin embargo, mi tesis era que ese país tenía la capacidad para la administración y el desarrollo del mismo. Comparto lo que escribí en aquel momento:

"Se ha especulado mucho sobre las intenciones de los panameños sobre el futuro del Canal. Desde desconfianza en ciertos sectores de los Estados Unidos en cuanto a la capacidad de los panameños en operar tanto marítima como administrativamente la zona, hasta la posible intervención de manos extranjeras como los chinos siendo socios empresariales de los panameños en la operación del canal, que supuestamente pone en detrimento la seguridad del Canal como la seguridad interna de los Estados Unidos. Este asunto ha sido discutido ampliamente por los panameños; ni lo uno ni lo otro. Los panameños han demostrado tener la capacidad de trabajar en forma eficiente la operación de la vía y no necesitan los inversionistas chinos para su operación. Tienen la creatividad y el entusiasmo que es necesario para llevar a cabo con éxito su proyecto de desarrollo canalero." 

Desde entonces, el Gobierno de Panamá, ha tenido una gran capacidad para administrar y operar el complejo marítimo más importante del mundo, que conecta el Mar Caribe con el Océano Pacífico. Panamá, hoy día, mantiene una de las economías más próspera de la región, que ha tenido un crecimiento anual que llegó a los 10% y hoy día se mantiene (luego de la gran crisis del 2006) al 6% y con un ingreso bruto interno de más de 50 billones de dólares. Mientras que el ritmo de crecimiento de los países de América Latina está en 5% y de los Estados Unidos en 2.5%. Panamá ha sido efectivo en sacar beneficio económico a la región y se ha modernizado.

Para poder llevar a cabo la ampliación del Canal, la Asamblea Legislativa de Panamá, convocó el 22 de octubre de 2006, un referéndum donde se le preguntaba al pueblo lo siguiente: ¿Aprueba usted la propuesta de construcción del tercer juego de esclusas en el Canal de Panamá? Los electores hábiles para votar en el mismo era de 2,132,842. Participaron en la votación 924,029 para un 43.3% de los votantes. Los resultados: el obtuvo 705,284 votos para un 76.3%, mientras que el No obtuvo 201,105 para un 21.8%. Los votos en blancos fue de 9,673 para un 0.8%. Y el abstencionismo, es decir, los que no votaron fue de 1,208,813 o el 56.7% de los votantes hábiles para esa consulta al país. Por los resultados se demuestra que los panameños querían la ampliación y estaban conscientes de que la ampliación costaría alrededor de 5 mil millones de dólares, que ha sido el costo para el país.

La ampliación canalera suponía extraordinarios retos para los países de la región, especialmente, los caribeños. Estos debían prepararse para esa importante ampliación. Los barcos que pasarán por las nuevas esclusas son los llamados barcos "Neopanamax" o los "Pospanamax", que son los barcos que no pueden transitar por las centenarias esclusas del Canal por su problema de calado y, que ahora, por el Canal ampliado, lo podrán hacer. Decimos esto debido a que muchas compañías navieras requerirán de servicios adicionales para esos barcos que hace tiempo transitan nuestros mares. Muchos buscan puertos aptos y preparados que muy bien pueden procesar la carga llevadas en los contenedores, en cuanto al ensamblaje y empaque los mismos, para proseguir su travesía a las rutas orientales y los puertos estadounidenses del este y el oeste. De hecho, muchos puertos estadounidenses no están preparados para el impacto directo que supondrán estos barcos "Neopanamax", que harán su travesía en tiempo más corto que las rutas de América del Sur. Allá en América del Sur, Chile y Argentina, tendrán que lidiar con este asunto.

En lo que respecta a Puerto Rico, como nación caribeña, los vaivenes políticos han echado por la borda los planes del Puerto Rafael Cordero Santiago de Ponce, que con una inversión de más de $200 millones de dólares, no han podido arrancar con las operaciones de ese puerto ampliado. Allí están las nuevas gruas y nada pasa. De esto hace ya 8 años. Los puertos de la República Dominicana y últimamente con la apertura y normalización de relaciones diplomáticas de Cuba con los Estados Unidos, se llevan a cabo proyectos de ampliación de sus puertos, especialmente en el sur de la Isla. Así, que si Puerto Rico quiere insertarse en el proyecto canalero panameño, tiene que asumir una actitud agresiva y echar andar ya el Puerto de Ponce.

Con el paso del barco "Neopanamax" apodado COSSCO SHIPPING PANAMA, el pasado 26 de junio de 2016, se abrió una nueva era en el comercio marítimo mundial para acortar distancias y hacer los productos más accesibles y a costos más bajo al llegar al consumidor en un tiempo razonable. Al igual que el 15 de agosto de 1914, cuando el barco de vapor ACON, pasó por las esclusas de aquel recién inaugurado canal, hoy día el reto es mayor. Enhorabuena a los panameños por estas importantes obras que ha revivido a poblaciones olvidados por la historia.  

jueves, 23 de junio de 2016

La fiesta de San Juan Bautista en la historia de Puerto Rico

La noche del 23 al amanecer del 24 de junio, la conocemos como la fiesta de la "Noche de San Juan Bautista". Dicha fiesta, de acuerdo a la tradición cristiana, marcó el evento del nacimiento del santo Juan "el Bautista". Juan, era el hijo de Zacarías, quien habría dicho que de nacer su hijo, haría una gran fogata y saltaría sobre ella, dando las gracias a Dios por tan añorado regalo y este, a su vez, anunciaría la buenas nuevas para el mundo. Juan, de acuerdo a la tradición, fue el que bautizó a Jesús en el río Jordán. De hecho, nacería 6 meses antes del nacimiento de Jesús. Es por ello, que es el único santo de la Iglesia que celebra su natalicio el mismo día, entiéndase, el 24 de junio.

Sin embargo, esta fiesta se lleva a cabo muy cerca del cambio de estación de primavera a verano, es decir, el Solsticio de Verano, que en el hemisferio norte ocurre entre el 20 y 21 de junio. Esa fecha, sería el día más largo del año y la noche más corta. La llegada del Solsticio de Verano, para los pueblos en la antiguedad era una de celebración, en especial, por las buenas cosechas y la fertilidad de la tierra. Se daban cuenta de que en ciertos días del año, el sol reducía su radiación y para esas fechas era todo lo contrario. En agradecimiento, la noche del 23 al 24 de junio, se celebraban rituales, como lo era el encedido de una fogota, por lo cual, practicaban danzas alrededor de la misma en honor por lo productivo de los pasados seis meses. También se ha vinculado la fiesta a rendir tributo al sol. Los antepasados europeos, y de otras latitudes, eran muy observadores de los movimientos de la naturaleza. Comprendieron los cambios de esta, llegando incluso a nombrar dichos eventos de la naturaleza, designando las épocas del año en: invierno, primavera, verano y otoño, las cuatro estaciones de tres meses cada una. Tanto en la antiguedad como en la Edad Media, la celebración formó parte de las tradiciones y rituales de los habitantes. Los pueblos Celtas, entre otros, celebraban el mismo con eventos y celebraciones en forma de agradecimiento también. Los romanos, adoptaron las festividades, pero en honor a la diosa Minerva, haciendo uso del fuego y las llamas con el propósito de purificación, o al menos, para dirigirse hacia la guerra y tener éxito en estas.

Posteriormente, los romanos acogieron esta festividad de otra manera; dejó de ser una fiesta pagana para convertirse en una festividad religiosa cristiana que, como expliqué más arriba, se convirtió en la celebración del santo San Juan Bautista.  Recordemos que para el siglo IV de nuestra era el Imperio Romano acogió el cristianismo, esto durante el reinado del emperador Constantino.

Para los puertorriqueños, la Noche de San Juan, es una noche también de celebración, por lo que se celebra en la playa, dándose un buen chapuzón 12 veces de espalda en las aguas bien sea del Atlántico o del Mar Caribe, o también, en algún río o piscina. Una celebración que para algunos esperan que les traiga suerte en los meses venideros.

Puerto Rico acogió esta celebración vía España. Allá en la península Ibérica, se celebra ese día de distintas maneras, bien sea teniendo un carácter religioso o de celebración estival. No obstante, en Puerto Rico también la celebración tiene su carácter religioso, ya que la capital de la Isla se le conoce como San Juan Bautista.

Ahora bien, veamos como se relaciona esta celebración con nuestra historia en Puerto Rico. En el año 1493, don Cristóbal Colón, en su segundo viaje, llegó a una Isla que le daría el nombre de San Juan Bautista; de hecho, en la carta que el Almirante enviara a los reyes en el año 1494, este le señalaba que había llegado a una Isla que le pareció hermosa y que nombró, precisamente, con el nombre de "Sant Juan Baptista". Fue ahí que comenzó la relación con los europeos peninsulares y, por consiguiente, el traslado a la Isla de sus costumbres y tradiciones.

No fue hasta el año 1509, cuando Juan Ponce de León, comenzaría de manera oficial el proceso de exploración, colonización y conquista de la isla de San Juan Bautista, después del fallido intento de Vicente Yáñez Pinzón, a quien se le había otorgado unas capitulaciones en 1505 para realizar el proceso de exploración de la isla. En 1520, en una carta que cursara al emperador Carlos V, el vasallo del rey, don Baltasar de Castro, este le informaba que la ciudad (que hasta ese momento estaba en el poblado llamado de Caparra) se mudaría a otro lugar más seguro y que podría defenderse de los ataques de los temidos Caribes que asechaban las costas de la Isla y que se internaban en su interior también. Decía el vasallo del rey, en una breve descripción del lugar que "... está en el puerto donde surgen los navíos, muy buen asiento: creemos que por lo saludable... á propósito para la construcción de, se poblará mucho mas que estaba." El redactor de la carta se refería precisamente a la isleta que llamarían, posteriormente, San Juan Bautista, que hoy día es la sede del Gobierno Municipal de la Capital y de la gobernación de la isla de Puerto Rico.

Es muy probable, que los primeros europeos en llegar a la isla de San Juan Bautista en el siglo XVI, celebraran las festividades del santo patrón. No fue hasta que nuestra historiografía del siglo XVIII, comenzó a recoger las celebraciones de la fiesta patronal dedicado a este santo, en especial en la ciudad de San Juan. Durante el siglo XVIII, especificamente en la década de 1770 de ese siglo, llegó a la Isla el fraile de la órden de los benedictinos, Fray Iñigo Abbad y Lasierra, con el propósito de servir como secretario del Obispo en ese momento.

Este identificado con las ideas de la ilustración europea, comenzó a observar a los habitantes, y a tomar notas sobre lo vivido en su estancia en Puerto Rico. En lo que se ha considerado nuestro primer libro de historia puertorriqueña titulado: Historia geográfica, civil y natural de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico, este dedica en su capítulo XXXI del mismo, varios párrafos para destacar las festividades de San Juan Bautista. En ella, el autor narra con lujo de detalles como se manifestaban los vecinos de San Juan durante la celebración de su fiesta patronal. Por su narración nos deja establecido que tanto las autoridades de gobierno y el eclesiástico, así como los ciudadanos celebraban el mismo; en el caso de los primeros dos, eran solemnes, mientras que el populacho lo hacía de una manera peculiar. A diferencia de los antiguos pueblos en Europa, los del Asia Menor, y en otros lugares, en la isla de Puerto Rico tal vez no se encendían fogatas para dar culto a lo que fue un buen año de buenas cosechas, o para celebrar que el Solsticio de Verano, sino más bien, la gente salía de sus casas luciendo sus mejores galas para la ocasión. Veamos como lo narra Abbad y Lasierra:

"Las fiestas principales las celebran también con corridas de caballos, á que son tan propensos como diestros. Nadie pierde esta diversión: hasta las niñas más tiernas no pueden tenerse, las lleva algunos sentadas en el arzón de la silla de su caballo. En cada pueblo hay fiestas señaladas para correr los días más solemnes. En la Capital, son los de San Juan, San Pedro y San Mateo. La víspera de San Juan al amanecer entra gran multitud de corredores que vienen de los pueblos de la isla á lucir sus caballos: cuando dan las doce del día salen de las casas hombres y mujeres de todas edades y clases montados en sus caballos enjaezados con toda la mayor ostentación á que puede arribar cada uno. Son muchos los que llevan las sillas, mantillas y tapafundas de terciopelo bordado ó galoneado de oro, mosquiteros de lo mismo, frenos, estribos y espuelas de plata: algunos añaden pretales cubiertos de cascabeles del mismo metal. Los que no tienen caudal para tanto cubren sus caballos de variedad de cintas, haciéndoles crines, colas y jaeces de este género adornándolos con todo el primor y gusto que pueden, sin detenerse en empeñar ó vender lo mejor de su casa para lucir en la corrida. 

"Esta no tiene órden ni disposición alguna: luego que dan las doce de la víspera de San Juan salen por aquellas calles con sus caballos, que son muy veloces y de una marcha muy cómoda. Corren en pelotones, que por lo común son de los amigos ó parientes de una familia; dan vueltas por toda la ciudad sin parar ni descansar en toda la noche, hasta que los caballos se rinden. Entonces toman otros y continúan su corrida con tanta vehemencia, que parece un pueblo desatado y frenético, que corre por todas partes."

En cuanto a la celebración por parte de la oficialidad del estado y eclesiástico, Abbad y Lasierra, señalaba en su libro que a eso de las nueve de la mañana- del día del santo patrón- tanto los funcionarios del cabildo de San Juan, la guarnición militar representadas por sus dos compañías de milicias y presididos por el Gobernador, paseaban en sus caballos luciendo "... las galas, palafrenes, jaeces...", etc..., y que dirigiéndose hacia la Catedral de San Juan escuchaban misa; una vez concluida la misma, y los funcionarios regresaban a sus respectivas oficinas regresaría la fiesta que, según el autor, el pueblo "... con toda la ostentación posible, sin que por este acto tan circunspecto y magnífico se suspendan en las otras calles las carreras, voces y zambra con que las gentes desahogan su extremado regocijo ó loca pasión, que reina aquel día." La celebración duraría hasta bien entrada la noche.

El historiador Arturo Morales Carrión en su libro: Historia del Pueblo de Puerto Rico: Desde sus orígenes hasta el siglo XVIII, hace una observación interesante partiendo de la lectura de Abbad y Lasierra. Este señalaba en su obra y, haciendo una recreación de esta festividad en San Juan de Puerto Rico, que "Llénanse las calles y plazas de los corredores al galope. Hay curiosos en puertas y balcones y hasta en los techos y azoteas. Por todas partes cunden el bullicio, las risas, las provocaciones..." A finales del siglo XVIII, el visitante francés André Piérre Ledrú en 1797, había descrito esta celebración en San Juan en su libro Viaje a la isla de San Juan. La fiesta que cuenta este testigo, suponía una de gran celebración carnavalesco, y no era para menos, semanas antes habían logrado- los puertorriqueños- la victoria frente a los ingleses en la célebre invasión inglesa en que el almirante, Sir Ralph Abercrombie, fue derrotado en sus intensiones de convertir a Puerto Rico en parte del imperio inglés.

El también historiador Angel López Cantos, nos cuenta en su libro Los puertorriqueños: mentalidad y actitudes (siglo XVIII), que dicha celebración en el año 1707, había sido prohibido por el obispo Urtiaga, exponiendo que el año anterior había sido una fiesta desenfrenada con hombres y mujeres enmascarados corriendo a caballo por San Juan dando paso a cometer "...gravísimos pecados... [y] ...gravísimos perjuicios de las honras..." No hay duda que los pueblos celebran sus festividades de distintas maneras es la tradición que perdura y está presente. Aunque ya no se celebra la fiesta de San Juan Bautista a la manera del siglo XVIII, si se han adoptado otras formas de celebrar el mismo.

Ciertamente la historia de la celebración de la tradicional fiesta de Noche de San Juan Bautista en Puerto Rico, se celebraba en aquel siglo XVIII de forma solemne, pero que a la misma vez, los sanjuaneros se divertían en grande, luciéndose en sus caballos. El equino era el medio que utilizaban para visitar sus hatos o estancias allá en el campo, como le decían al resto de la Isla. Esta es parte de la historia de esta celebración en la isla de Puerto Rico.


sábado, 18 de junio de 2016

Guayama


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Historia de una ciudad: Guayama, 1898-1930

Dr. Alexis O. Tirado Rivera
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viernes, 18 de marzo de 2016

Miguel Hernández Agosto: mis recuerdos de un gran líder

En la mañana de hoy viernes, 18 de marzo de 2016, Puerto Rico recibió la triste noticia del fallecimiento de uno de los hombres más prolíficos en la política puertorriqueña en el último cuarto del pasado siglo.  Me refiero al ex presidente del Senado, Miguel Hernández Agosto.  Tuve el privilegio de conocer a don Miguel, para allá a finales de la década de 1970, cuando fungía como Presidente del Partido Popular Democrático; había sustituido a Rafael Hernández Colón en la presidencia del partido, para que el ex gobernador pudiera redactar un documento que titularía La Nueva Tesis, que era planteamientos y reflexiones sobre el futuro del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

En esa época, yo tenía apenas 10 años; y mi papá era miembro de la Cámara de Representantes de Puerto Rico, en representación del antiguo distrito representativo número 30 de Guayama- Patillas, en su segundo cuatrienio consecutivo.  En esas gestas con papi, es que conocí a Miguel Hernández Agosto.  En 1979, papi fue electo Vice- Presidente del Comité Municipal del Partido Popular Democrático de Patillas, en unión a José Juan (Cheguan) Latalladi Bernier, como presidente y candidato a alcalde en las elecciones de 1980. Fue una campaña dura, la recuerdo muy bien, donde el incumbente era Benjamín Cintrón Lebrón, un joven que había logrado la victoria para la alcaldía en 1976- por el Partido Nuevo Progresista- en medio de una división profunda en el seno del Partido Popular Democrático de Patillas.  Aún así, en las elecciones de 1976 papi ganó, perdiendo el Partido Popular los municipios de Maunabo, Patillas y Arroyo.  Una gran victoria donde la gente supo establecer distancias de los buenos líderes que venían al verdadero servicio público.

Recuerdo en esas gestas conocer a don Miguel.  Su figura era imponente.  Su verbo, aún más, un orador de primera.  Las elecciones de 1980, recuerdo muy bien, papi había decidido buscar un tercer término como representante.  Y nosotros ahí nuevamente.  En en este proceso que tuve la gran oportunidad de estar en conversaciones interminables, en caminatas largas, en caravanas, en mítines de mucha gente, donde estaba presente don Miguel Hernández Agosto.  Lo recuerdo en caminatas en el barrio Corazón y Olimpo de Guayama; en caminatas y mítines en los barrios de Los Pollos y Quebrada Arriba de Patillas; en Yaurel de Arroyo, y en Maunabo, donde don Miguel tenía un gran interés en recuperar aquel municipio que se había perdido en las elecciones de 1976.

Desde esa edad de 10 años, conocí el pensamiento de don Miguel.  Luego de finalizada muchas de esas actividades, se invitaba a don Miguel a una cena en casas de líderes de barrio del partido, y en muchas de estas participé y pude apreciar y distinguir tan figura importante en nuestro país.  Aún más, el saber que había sido parte del gabinete de los gobernadores Luis Muñoz Marín y Roberto Sánchez Vilella; pero, más todavía, el haber sido el sucesor de Muñoz en el Senado en el 1970, era un bálsamo de experiencias extraordinarias.  Estaba frente a un líder.

Aquella elección de 1980, ha sido una de las más controversiales en nuestra historia política.  Don Miguel, logró ganar el control del Senado de Puerto Rico.  Ganó los distritos de Guayama, Ponce, Mayaguez, Arecibo y Humacao.  Y en gran medida, las victorias en las casas alcaldías de Guayama, Patillas y Maunabo, se le debe a la elaboración de estrategias inteligentes que él supo manejar para recuperar esos ayuntamientos.

En aquellas campañas don Miguel dialogaba mucho conmigo; y a mi edad, para mi fue interesante.  Quería escucharme, que yo podría decir sobre la campaña, entre otros.  Pues algo que el muy bien supo fue el escuchar.

Posteriormente, como Presidente del Senado de Puerto Rico, nos encontramos en muchas batallas y en resultados victoriosos.  Cuando papi decidió correr para Senador por el Distrito de Guayama en 1988, en aquella campaña eleccionaria, nuevamente pudimos conversar; pero también nos encontrábamos en el intermedio de 1985 a 1988, cuando papi era Administrador del Fondo del Seguro del Estado y él continuaba como Presidente del Senado.  En aquella ocasión recuerdo su campaña para presidir el Comité del Partido Demócrata en Puerto Rico, primarias cuyo contrincante lo era Carlos Romero Barceló.  En aquella ocasión, acompañé a él y a papi, por los pueblos del distrito de Guayama en campaña.  Logramos aquellas victoria, y nuevamente hablamos muchísimo sobre el país.  Ya estaba en la universidad y llegaba a los veinte años.

Hago este recuento, gratísimo por demás que viene a mi memoria, porque conocí del don de gente de don Miguel.  Hombre que se preocupó por el servicio al país; el país primero por encima de todo, como habría dicho también otro ex presidente del Senado, Antonio R. Barceló, en la década de los 1920.

El alcalde de Guayama, Eduardo E. Cintrón Suárez, siempre hace este cuento histórico.  Recuerda mi querido amigo Eduardo, que en una actividad del Lcdo. José Alfredo Hernández Mayoral, celebrado en Mayaguez, cuando fue a lanzar su candidatura a Comisionado Residente de Puerto Rico en Washignton en 1999, don Miguel fue la persona que presentó al Lcdo. Hernández Mayoral.  Y en su discurso, don Miguel, me mencionó como uno de aquellos jóvenes que él consultaba sus pasos políticos y su pensamiento.  En aquella ocasión, yo tuve la oportunidad de escuchar ese discurso por radio desde mi hogar en Guayama. Un discurso intersante por demás y aleccionador.

La última vez que saludé a don Miguel, fue en el homenaje que en abril del pasado año le rindiera el Senado de Puerto Rico.  Allí, le pude entregar mi libro Historia de una ciudad: Guayama, 1898- 1930.  Fue la última conversación que tuve con él.

Para mí fue un verdadero honor conocerle personalmente, y ser admirador.

Hoy, Puerto Rico pierde a un gran hombre.  Un cooperativista, un maestro, un defensor de la escuela pública y de las instituciones del país; pero más que todo, un hombre de avanzada.  Supo reconocer los errores del pasado y rectificarlo, por eso dialogaba con la gente.  Esa fue su grandeza para con este país.  Un puertorriqueño nato.  Nunca vendió a su país ni a sus instituciones.  

La historia recogerá su obra para las futuras generaciones.

En paz descanse mi querido amigo Miguel Hernández Agosto.

domingo, 10 de enero de 2016

Los 280 años de la fundación de la Ciudad de Guayama

Este próximo 29 de enero de 2016, Guayama está de aniversario.  Ese día se celebra los 280 años de la fundación de la ciudad, de acuerdo a las fuentes históricas.  El 29 de enero de 1736, el gobernador militar de Puerto Rico, Matías de Abadía, autorizó la fundación de la ciudad.  Es partir de ese entonces, que Guayama obtuvo el reconocimiento de parte de las autoridades españolas, para la formación de un poblado. Sin embargo, la evolución histórica de Guayama, no data desde esa fecha.  Desde los inicios de la colonización española de la Isla en el siglo XVI, es que tenemos constancia de la presencia de pobladores europeos en la región que se llamaba, en aquel entonces, como Guayama.  Sabemos, que Guayama comprendía desde lo que es hoy día Aguirre hasta la jurisdicción del Cabo de Mala Pascua, entre Patillas y Maunabo.
Guayama visto desde la montaña. (Foto tomada por el autor, @ 2014)
Guayama, que en lengua indígena se le llamaba "El Sitio Grande", estuvo vinculado a una economía próspera, siendo parte importante en el desarrollo de la isla de Puerto Rico.  Desde los inicios de la colonización en el siglo XVI, la caña de azúcar, así como la ganadería y la producción de frutos menores, fueron entes importantes en el desarrollo de la región.  Es posible que los primeros habitantes en ocupar el extenso valle de Guayama, lo hicieran en lo que hoy día conocemos como Machete; pero también, no se descarta otros lugares cercanos.  Una de las ventajas de Guayama, sin lugar a dudas, era su puerto y su fácil acceso al Mar Caribe.  De hecho, las crónicas del siglo XVI nos mencionan los constantes ataques a que eran sometidos los pobladores por parte de indios "Caribes", así como, de corsarios franceses e ingleses que merodeaban el extenso valle del sureste de la Isla.

Para el año 1765, cuando el enviado del rey español, Carlos II, el mariscal de campo, Alejandro O'Reilly, visitó la Isla, Guayama tenía 2,204 habitantes; y para 1776 cuando el fraile Iñigo Abbad y Lasierra escribe el libro Historia geográfica, civil y natural de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico, la población ascendió a 4,589 habitantes, números que pudieran estar en controversia.  No obstante, independientemente del número de habitantes que ofreciera el fraile, la población de Guayama fue en aumento.  De hecho, el siglo XVIII, fue donde se comenzó a registrar aumento poblacional en Puerto Rico.  A finales del siglo XVIII, la población de Guayama rondaba, de acuerdo al botánico francés, André Pierré Ledrú, 5,120 habitantes, un número considerable de pobladores.

Dibujo de "El Pueblo de Guayama" por Augusto Plée. Ca. 1822.
(Archivo General de Puerto Rico. Archivo de Fotografías, Colección Augusto Plée)
El desarrollo vertiginoso de la ciudad se debió, en gran medida, al auge de la siembre de caña de azúcar en su extenso valle.  A partir de la segunda década del siglo XIX, y con la extensión a Puerto Rico de la Real Cédula de Gracias, firmada por el rey Fernando VII en 1815, muchos inmigrantes llegaron a Guayama con el propósito de obtener riquezas, con el producto de la siembra de dicho producto.

De ahí, podemos señalar, que en gran medida el desarrollo comercial de la ciudad, en el siglo XX, se debió a ese impulso económico que sucedió en la ciudad.  De hecho, durante el siglo XIX Guayama contó con al menos 30 haciendas azucareras que, definitivamente, tuvo un gran impacto en Guayama y la región. 

Histórica chimenea de la antigua
Central Machete de Guayama
(Fotografía del autor. @2015)
Molino de la antigua Hacienda La Esperanza o Vives de Guayama.
(Fotografía del autor. @2010)
 Hay que señalar, que Guayama, al igual que la municipalidad de Arroyo, se convirtieron en lugares donde se establecieron familias extranjeras y, que muchos de estos, estaban relacionados con la economía azucarera.  

Cabe destacar las familias prominentes que fueron parte del desarrollo de la ciudad.  Podemos mencionar, a la familia Cautiño, que en las últimas décadas del siglo XIX, se establecieron en Guayama, ejerciendo influencias en el ámbito económico y político.  Tanto Genaro Cautiño Vázquez, como Genaro Cautiño Insúa, pertenecieron en épocas distintas al Gobierno Municipal de Guayama; el primero siendo parte del antiguo Concejo Municipal y el segundo siendo electo Alcalde entre 1912 y 1918 y, posteriormente, ocupando el cargo de Presidente de la Asamblea Municipal de Guayama en el cuatrienio de 1924 a 1928.

Casa familia Cautiño. Terminada su construcción en el año 1887.
(Fotografía tomada por el autor, sept. @2012)
El desarrollo de la ciudad de Guayama en estos 280 años ha sido uno donde su gente han sido los protagonistas principales de esta historia.  Guayama, en la economía; Guayama, en el desarrollo político del país; Guayama, en las principales luchas y gestas, como las libradas en las décadas de 1950 en adelante, por insertar a la ciudad en la economía industrial de la Operación Manos a la Obra; en fin, el Guayama de hoy es el de Guayama de todos.  Rumbo al tricentenerio, los guayameses y aquellos que han adoptado a esta ciudad como el lugar para vivir, deben sentir un orgullo particular por las grandes gestas.  Las luchas obreras en la industria cañera; de aquellas mujeres y sus luchas en la industria de la aguja.  

Coincidentalmente, este año también, la ciudad celebra el centenario de la "Reforma a la Casa Alcaldía", cuando hace cien años, la administración municipal dirigida por el alcalde Genaro Cautiño Insúa, desarrolló el proyecto de transformación de la sede del Gobierno Municipal en una moderna edificación de dos pisos. De ahí, se levantó regia el ayuntamiento y sus reformas posteriores.

Casa Alcaldía de Guayama, reformada en el año 1916 durante la administración
del alcalde Genaro Cautiño Insúa. (Fotografía del autor. @2012)
La historia de Guayama debemos entenderla y apreciarla, y, sobretodo, distinguirla.  En sus 280 años de la fundación de esta ciudad, te invito a leer mi libro Historia de una ciudad: Guayama, 1898- 1930, donde podrás profundizar desde el análisis histórico el Guayama del pasado.

Sigamos haciendo historia de esta ciudad.

Alexis O. Tirado Rivera, Historia de una ciudad: Guayama, 1898- 1930. (Caguas, Puerto Rico: Ediciones Bayoán, 2014), 250 pp.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

El 25 de noviembre de 1897 (La Carta Autonómica)

Un día como hoy, el gobierno de la reina regente español, María Cristina, firmó los decretos para otorgar a Puerto Rico, un gobierno de corte autonómico. Comparto un artículo que publicara en la conmemoración del centenario de dicho documento en el año 1997. Reflexionemos sobre este acontecimiento de hace 118 años.

La Carta Autonómica de 1897: A cien años

Por: Alexis Oscar Tirado Rivera

A Cirilo Tirado, hijo; autonomista

por excelencia, quien hoy disfruta

sus luchas de hace diez años.

El 25 de noviembre de de 1897, fue concedida a la isla de Puerto Rico por Real Decreto, autorizando para la formación de un gobierno de carácter autonómico. Tardó cuatrocientos años para que finalmente se le reconociera a los isleños la facultad de gobernarse por si mismos, aunque en una relación política con la metrópolis. Si bien este Gobierno Autonómico duró poco, el mismo estatuto (la Carta Autonómica) vale la pena ser recordado a cien años de haberse otorgado.

Desde la elección del primer diputado a Cortes, Ramón Power y Giralt, los puertorriqueños vienen abogando por mayores libertades en su forma de gobierno. Esto lo vemos muy claramente en las instrucciones impartidas por los atuntamientos locales, como el de San Germán, que fue claro en señalar que si España perdía frente a Napoleón, la Isla quedaría libre e independiente. A pesar de que Power logró que se aprobara legislación de avanzada, en términos económicos en aquellas Cortes, su gestión por lograr otros reconocimientos políticos quedó troncada.

Los sube y baja tanto de la monarquía como de los liberales en España, entre 1813, 1833 y 1868, relegó a Puerto Rico a un segundo plano durante el siglo XIX, asunto no nuevo en las relaciones entre la metrópolis y sus colonias. Por ejemplo, en 1813 sube nuevamente el absolutista Fernando VII. Este abolió las Cortes y dejó en suspenso nuevas reformas para las posesiones de ultramar. En 1833, al morir el monarca, se desata en la península una nueva revuelta, cuyo resultado fue la instauración de la Constitución de 1812; pero Puerto Rico seguía sin representación política definida, y según la nueva Constitución (1833) se regiría por "leyes especiales", que nunca llegó, a pesar de que la península sufrió un nuevo cambio de gobierno y una nueva Constitución, la más liberal hasta ese momento.

Para 1870, comienzan a conocer los puertorriqueños el sistema de partidos políticos. Las dos tendencias que conocemos el Liberal y Conservador, entrarán en pugna por el resto del siglo, que irónicamente llega hasta nuestros días. El primero se le identifica como los promotores del cambio a base de una fórmula autonómica y el segundo abogará porque no haya cambio alguno, o sea, status quo.

No es hasta la década de 1890 que comienza la batalla por la reformas verdaderas que necesita el país. Luis Muñoz Rivera, será la figura central en todo el proceso de reformas en el gobierno local. Este se había convertido en el líder del Partido Autonomista, el cual buscaba reformas administrativas con autonomía, es decir, el Gobierno en manos de los puertorriqueños. Pero para poder llegar a ese autogobierno había que unirse a un partido español en forma de pacto, que garantizara las reformas. Esta idea, no fue del agrado de muchos en ese Partido, servirá para comprometer de verdad a España para conceder las reformas propias de gobierno. Con el estallido de la Guerra de Independencia en Cuba para 1895, era inminente que se concediera libertad política a los isleños. Muñoz Rivera, propuso unirse al Partido Liberal Monárquico, cuyo dirigente lo era Práxedes Mateo Sagasta, que se había comprometido en su programa con la autonomía antillana.

No fue hasta 1897 que el partido de Sagasta ascendió al poder, tras el asesinato del presidente de Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo. Este último dirigía además el Partido Conservador. En agosto de ese año, Sagasta comienza a trabajar junto a su Consejo de Ministros en las reformas a otorgarse a Puerto Rico tras el pacto con Muñoz Rivera.

Como mencioné, el 25 de noviembre de 1897, se hizo realidad las verdaderas reformas al gobierno isleño. La Reina Regente, María Cristina, firmó el decreto de la "Constitución Autonómica para Puerto Rico". Aparte de firmar otros decretos, entre ellos el que extiende a Puerto Rico el Título 1ro de la Constitución (que concedía libertades) y la Ley Electoral de 1870.

Sagasta, en su discurso a la Regente, menciona las bondades del nuevo régimen, entre los cuales que esta Constitución Autonómica "... no es exótica, ni copiada, ni imitada; es una organización propia..." y que "... de suerte... mientras los representantes del pueblo insular gobiernan desde sus cámaras locales los intereses propios especiales de su país, otros elegidos por el mismo pueblo, asisten y cooperan en las Cortes en la formación de las leyes...". Con esa visión de otorgar ese gobierno propio es que se concede estas reformas administrativas y políticas.

Ahora bien, ¿qué concedió la Carta Autonómica a los puertorriqueños? Primero, otorgó una verdadera representación política con dos cámaras legislativas electas: la Cámara de Representantes y el Consejo de Administración. La Cámara era electa en su totalidad, mientras que el Consejo, de quince que componían, ocho eran electos; así que los puertorriqueños dominaban la Asamblea Legislativa. Para poder ser electo consejero, había que nacer en Puerto Rico o residir en ella cuatro años antes de su elección, a parte de tener una renta no menor de 4,000 pesos. Mientras los representantes se le exigía el primer requisito y el segundo se obvió.

Esta Asamblea Legislativa tenía facultades para: legislar y atender todos los asuntos coloniales. A saber: hacienda, presupuesto, agricultura, industria, comercio y obras públicas. Lo más importante de esta reforma es que se concedió la facultad de negociar tratados de comercio con otros países, aunque expresamente se daba la iniciativa tanto al Gobierno Local como al Central, esto aprobado por las Cortes (Artículo 37). Los Tratados de Comercio Internacional, donde no haya intervención del Gobierno Insular, se comunicará a este último para si desea o no unirse al mismo. Si es aceptado, entonces es ley (Artículo 38).

La función del Gobernador es ser el representante máximo del Reino español. Este atenderá los asuntos de España en la Isla. Sus poderes se limitará a hacer cumplir las leyes promulgadas por la Asamblea Legislativa de Puerto Rico. Gobernará con un Gabinete. Formarán ese Gabinete Autonómico los secretarios de Gobernación, Gracia y Justicia; Hacienda; Instrucción Pública; Obras Públicas y Comunicaciones y Agricultura, Comercio e Industria, todos de nueva creación. La Carta Autonómica le concedió amplios poderes a los gobiernos municipales isleños. A pesar de que ésta era la máxima expresión de autogobierno que podía alcanzar una colonia en relación con la metrópoli, la misma no pudo ponerse en vigar en toda su extensión en la Isla, debido a los acontecimientos de la guerra con los Estados Unidos que estalló en un mal momento para los puertorriqueños. En marzo de 1898 se procedió con la elección de la Asamblea Legislativa, obteniendo un triunfo amplio Luis Muñoz Rivera y su Partido Liberal Autonomista. Las cámaras apenas pudieron reunirse y el Gabinete no pudo llevar a cabo su gestión prescrita en la Constitución. La Isla cayó en manos estadounidense en julio 25 de 1898.

Para Puerto Rico no fue fácil desprenderse de una victoria política como significó la Carta Autonómica. El júbilo de aquel 25 de noviembre de 1897, hace cien años, duró poco. "A comenzar de nuevo", dijeron los puertorriqueños que el 18 de octubre de 1898 observaron bajar la bandera española y con ella el fin de la autonomía. La Carta Autonómica tiene un gran valor histórico. En aquella ocasión lograron mayores libertades políticas y económicas. Hoy se debe recoger aquellas gestas para definir con certeza las aspiraciones mayoritarias del país. La Carta Autonómica, a cien años de su instauración.

(El autor es estudiante del programa graduado de Historia en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en el Viejo San Juan.)

Artículo publicado en el periódico regional El Nuevo Impacto que circula en la ciudad de Guayama, Puerto Rico, en su edición de 26 de noviembre al 2 de diciembre de 1997.