sábado, 30 de diciembre de 2017

El huracán María azota la ciudad

Puerto Rico, ha visto una de sus peores tragedias que ha tenido en su historia moderna.  Me refiero al azote directo del Huracán María entre la noche del 19 de septiembre y la madrugada y día del miércoles, 20 de septiembre de 2017.  Desde el sábado, 16 de septiembre, el Servicio Nacional de Meteorología en San Juan y el Centro Nacional de Huracanes con sede en Miami, emitieron la alerta de que Puerto Rico podría ser azotado directamente por el poderoso fenómeno atmosférico, y por lo tanto, tendrían que, los puertorriqueños, prepararse para dicho evento.

Tanto el sábado en horas de la tarde, como el domingo y lunes previo al 19 de septiembre, el Gobierno Estatal y los municipios, comenzaron los preparativos con el propósito de esperar el inminente azote del huracán.  Hacía menos de una semana que el país había vivido otra experiencia ciclónica, pero con el paso del huracán Irma; sin embargo, este fenómeno azotó de manera directa la región nororiental de Puerto Rico, incluyendo las islas de Vieques y Culebra, provocando serios daños a la infraestructura, especialmente eléctrica.  Municipios como Loiza, Canóvanas, Río Grande, San Juan, entre otros, sufrieron daños graves; cientos de residentes perdieron los techos de sus hogares y con ello sus pertenencias.

El lunes, 18 como el martes, 19 en las horas del día, los puertorriqueños realizaban sus preparativos en espera de que el huracán María, que venía desde el Caribe oriental con vientos que superaban las 155 millas por hora, siendo catalogado como un huracán categoría cinco, disminuyera sus fuerzas y desviara su ruta bien sea hacia el norte o al oeste que evitara así  un impacto directo sobre Puerto Rico.  Esta esperanza no ocurrió.  La naturaleza es única.

El martes, 19 de septiembre de 2017, a las 6:00 p.m., los puertorriqueños debían estar resguardados en sus hogares o refugios habilitados por el estado.  En horas de la noche, diría que a eso de las 10:30 de la noche, comenzaron a sentirse en Guayama los primeros vientos que acompañaban al fenómeno tropical.  Yo me quedé en la residencia de mis padres, también en Guayama.  Después de la media noche entre 1:00 y 3:00 de la madrugada del miércoles 20, comenzó a sentirse aún más fuerte el viento, y luego entre 3:00 y 6:30 de la madrugada, era casi imposible no estar preocupado por lo que venía para la Isla.



Los vientos huracanados se sintieron en Guayama con una fuerza extraordinaria.  Pienso que el viento superó las más de 150 millas por hora y ráfagas que podrían oscilar entre las 175 y 180 millas por hora.  La fuerza del viento era capaz de provocar- como provocó- daños catastróficos en Guayama y en el resto de la Isla.  En la residencia pensamos que el viento abría de dañar la puerta principal de entrada a la misma, ya que era tanto la fuerza del mismo, que era posible que cediera.  Sin embargo, no ocurrió de esa manera.

La fuerza del viento hacía un susurro espantoso, ensordecedor, era como si mucha gente estuviera llamando a la puerta para que les abriera la misma.  Sonidos, gritos y hasta a veces alguien llorando, era lo que se sentía en la puerta, tratando de que alguien les diera albergue.  Alguien diría que son las “ánimas del purgatorio” buscando refugio.


Fueron horas espantosas.  Se esperaba que el ojo del huracán tocara tierra en algún punto entre Arroyo y Guayama; sin embargo, a las 7:30 de la mañana del día 20, tocó tierra por Yabucoa, en el extremo más suroriental de Puerto Rico.



Todos los que hemos experimentado la fuerza de un huracán, conocemos la dimensión del mismo en torno a su estructura.  Que si el ojo, que si los vientos huracanados, que si los vientos con fuerza de tormenta tropical, que si la marejada ciclónica, entre otros términos, que se utilizan en estos eventos de la naturaleza, se hicieron presentes ante su paso.  A mi entender, en la ciudad de Guayama se sintió la llamada calma del huracán, que es el punto por donde el ojo está pasando.  Y eso fue así, ya que entre 8:00 y 8:20 de la mañana, hubo una tensa calma que luego arreció con unos vientos en dirección contraria.  Aunque no he visto los reportes oficiales de este evento atmosférico- al momento de escribir esta nota- pienso que la presión barométrica en Guayama tuvo que haber sido una de las más baja registrado al paso de este evento atmosférico por la Isla.  Igual sucedió en los huracanes San Ciriaco de 1899 y San Felipe de 1928, que hago referencia en mi libro Historia de una ciudad: Guayama, 1898- 1930.







Entre las 10:00 de la mañana y 2:00 de la tarde, los vientos comenzaron a disminuir, muestra de que el fenómeno atmosférico se estaba alejando de la región.  Ya a eso de las 4:00 de la tarde, todo indicaba que había salido de la Isla.  Al parecer, el ojo, que había entrado por Yabucoa, había salido entre Arecibo y Barceloneta, según escuché en un reporte a eso de las tres de la tarde.  Al bajar la intensidad de los vientos, entonces se quedó por un par de horas adicionales la lluvia con más intensidad.  De hecho, todo el episodio de vientos huracanados estuvo acompañado de una intensa lluvia.  En cuanto a la lluvia, al parecer cayeron en todo Puerto Rico aproximadamente 30 pulgadas.  Es un evento sin precedentes.

Sobre el paso del huracán María por la Isla, cabe destacar un elemento que no se puede dejar pasar por alto, y es la desorganización del Gobierno Estatal para enfrentar la emergencia.  Le comentaba a mi papá en medio de la emergencia, que extrañaba los informes sobre el huracán que, en otros tiempos, se escuchaba a través de la radio.  Recuerdo que bajo la gobernación de Rafael Hernández Colón, durante el año 1989, cuando pasó por la Isla el huracán Hugo, el Gobernador estuvo todo el tiempo en comunicación con los habitantes, utilizando los medios de la radio.  Es más, en aquella ocasión los radioaficionados jugaron un papel fundamental en reportar eventos desde distintos lugares de Puerto Rico.  De esa manera, se tomaban acciones de alertas de emergencia.  Los radioaficionados, en la emergencia provocada por el huracán Hugo en 1989, salvaron vidas y estuvieron constantemente reportando incidencias a los centros de mandos del Gobierno en San Juan.  Es más, luego de pasada la emergencia, se sabía con exactitud las condiciones en que habían quedado caminos, carreteras, puentes, servicio eléctrico y de acueductos.  Eso no ocurrió en este evento de atmosférico de 2017.  Por lo que he escuchado, de muchos municipios a 12 horas de culminar el evento, no se sabía absolutamente nada.  En momentos en que escribo, de los municipios del interior de la Isla, se sabe muy poco.






En el evento del huracán María, todos los sistemas de comunicaciones de la Isla se cortaron.  Desde teléfonos celulares, líneas residenciales, y más preocupante aún, las radiodifusoras puertorriqueñas, que es el medio por excelencia que acompaña a la gente en estas emergencias, también cayeron todos sus sistemas.  Desde antenas de satélites y retransmisores.   El miércoles en la mañana, en el instante en que cruzaba por la Isla el fenómeno atmosférico, las únicas emisoras que se mantenían al aire- y que captaba su señal en Guayama- era la WAPA Radio 680 AM San Juan, y a veces la WPAB 550 AM Ponce; la WEXS 610 AM Patillas que, al parecer operaba de manera automática, y además, la emisora Radio Victoria 840 AM de Yabucoa.  Todas las que dicen ser “las primeras con la noticia”, y aquellas que dicen estar y que “en el lugar de la acción”, y aquella que cuenta con un señor que dice “y que habla y saca la cara por el pueblo de Puerto Rico y hace las preguntas- y que- por el pueblo de Puerto Rico”, salieron del aire por completo.  Esas emisoras radiales que se jactan de ser los primeros en todos, fueron cayendo como un juego de dominó, una a una.  Las que mencioné arriba son las que estuvieron en el aire en toda o en gran parte de la emergencia.  Y según he escuchado, Radio Isla 1320 AM, con estudios en San Juan, se mantuvo al aire, pero de forma limitada.  La radioemisora líder en la emergencia cuando el huracán Hugo fue la WKAQ 580 AM San Juan.  Fue muy raro escuchar por la radio los alertas del “Emergency Broadcast Sistem” (EBS) o ahora le llaman el “Alert Emergency Sistem” (AES).


Al fallar el sistema de radiocomunicaciones, el país, pero más preocupante, el Gobierno Central, al parecer no sabía lo que había estaba ocurriendo en lugares tan distantes como: Utuado, Jayuya, Adjuntas, Rincón, Mayagüez, Ponce, Vieques y Culebra.  A 24 horas de pasar el evento, no se tenía noticias tampoco del Gobierno Central, ni mucho menos de sus dirigentes.  Ni un solo jefe de agencia, ni el Gobernador de la Isla, se había dirigidos a la gente por la única estación radial que había quedado en pie WAPA 680 AM en San Juan.  (Luego de un llamado urgente de Luis Penchi, el Gobernador hizo su aparición a los predios de la emisora). 

A más de 18 horas de haber salido el ojo del huracán de la Isla, pudo verse el sol.  Y con ello, los puertorriqueños pudimos hacer las primeras inspecciones.  Yo, por supuesto, en la ciudad de Guayama.  Al salir de mi urbanización y ver los destrozos ocasionados por el huracán María al centro histórico de Guayama, mi primera palabra fue ‘devastador’.  El huracán destruyó casas antiguas en la Zona Histórica, la Plaza de Recreo Cristóbal Colón de Guayama, lo único que queda es el recuerdo de lo que fue hasta el 19 de septiembre, una plaza hermosa, con árboles frondosos (aunque sigue siendo).  Pienso que por lo menos una generación, no podrá disfrutar la plaza como lo hemos disfrutado la actual generación.  Vi destrozos en el comercio.  Gran parte de la infraestructura eléctrica, está en el suelo.  Postes que aguantan el tendido eléctrico, partido por la mitad, tanto de los de cemento y ni se diga los de maderas.  Puentes caídos y carreteras inservibles, es parte de la tragedia.  He visto muchas casas de madera que se les voló su techo de zinc; estructuras públicas como canchas y parques quedaron por completo destruidas.  Una desforestación total, que tardará muchos años en reponerse.  Hasta la icónica torre de comunicaciones de la antigua Puerto Rico Telephone Company (hoy Claro) fue derribada por los vientos inmisericorde del huracán.  El aspecto de la ciudad es distinto.  Sin embargo, la cuadrícula, se mantiene en pie y vigente, como aquellos que la planificaron hace más de 150 años.  Está ahí.




 Ahora, con la nueva vista de la ciudad, se destaca vibrante, fuerte y con esperanzas de que vuelva a tener su encanto y su brillo, la cúpula del templo Católico.  Ese edificio, que se asemeja a los edificios eclesiásticos en Italia, se yergue majestuosa, es el que domina el paisaje urbano de la ciudad, como lo fue en antaño.  Es el edificio más alto del centro urbano guayamés, que ahora reclama su atención desde cualquier punto cardinal de la ciudad. 



 

Ciertamente, y no por ser pesimista, la Isla tardará tiempo en levantarse y volver al día anterior al evento.  Aun no he llegado a Cayey, pero supongo que la devastación debe ser total.

(Este escrito fue redactado en manuscrito el Domingo, 24 de septiembre de 2017, y completado a las 3:38 p.m.)



 


 

 



 





    












 












domingo, 29 de enero de 2017

El estado de la beneficencia municipal hace 100 años en Guayama

Los municipios puertorriqueños hace cien años, tenían una injerencia mucho más marcado de lo que es hoy, en cuanto a los asuntos que eran de particular interés a un municipio.  A saber: educación, salud, vivienda, obras públicas; en algunos municipios el alumbrado público; en otros municipios también los sistemas de acueductos y alcantarillados, entre otros servicios públicos que se ofrecía a la ciudadanía.  Podemos señalar, que había una mayor autonomía para atender los diversos asuntos.  Sin embargo, con el pasar del tiempo, el municipio, como institución política, fue cediendo ante la intervención que suponía la Asamblea Legislativa, como la mayor puertorriqueña; esto hace solo cien años. 

No obstante, en 1952, al aprobarse la Constitución del Estado Libre Asociado, dejó en manos de la Asamblea Legislativa de Puerto Rico, la facultad de "[...] crear, suprimir, consolidar y reorganizar municipios; modificar sus límites territoriales y determinar lo relativo a su régimen y función; y podrá autorizarlos, además, a desarrollar programas de bienestar general y a crear aquellos organismos que fueren necesarios a tal fin." (Ver: Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, 1952).  Con la aprobación de la Constitución de 1952, la Asamblea Legislativa de Puerto Rico, asumió un papel protagónico en la vida puertorriqueña, llevando a establecer aquellas políticas públicas más relevantes para el país y, centralizando los recursos en manos del Gobierno Central, a partir de 1952.

Al fijar nuestra mirada hacia la historia, especialmente antes de 1952, nos damos cuenta de la gran cantidad de asuntos que atendían los municipios en sus respectivas jurisdicciones.

Con la aprobación de la ley Foraker, entrado en vigor en mayo de 1900, se estableció una rama legislativa constituida por una Cámara de Delegados y un Consejo Ejecutivo.  La Ley dejó en manos de esa Asamblea Legislativa, la consolidación, creación y funcionamiento de los municipios, delegando a estos funciones del día a día municipal.  Claro está, se aprobaron nuevas leyes que regulaban la vida municipal.  Algunas leyes municipales aprobadas a partir de la Ley Foraker de 1900, encomendaba a los funcionarios municipales y a los alcaldes, a la redacción y presentación de un informe anual, donde señalaran los distintos aspectos atentidos en sus municipalidades.  Al término de cada año fiscal, cada Alcalde debía rendir dicho informe detallado, al Gobernador, de sus actividades administrativas.

Resulta interesante el Informe Anual para el Año Fiscal 1916- 1917, que suscribiera el alcalde Genaro Cautiño Insúa, sobre las operaciones del Municipio de Guayama durante aquel año.  Tomo como ejemplo de ese informe, los asuntos relacionados a la Beneficencia Municipal.  El término "beneficencia", según la Real Academia Española de la Lengua, significa "virtud de hacer bien."  Pues eso era lo que realizaba la municipalidad guayamesa en ese momento histórico. 

Dicha palabra, aplicado al municipio, la encontramos comunmente relacionado a los servicios de salud brindados a la comunidad; también, puede estar bajo esa actividad municipal, los servicios brindados a los envejecientes o niños.  En el esquema municipal, la "beneficencia" estaba vinculado a las operaciones diarias, en el caso de Guayama, del antiguo Hospital Municipal Toribio, construido a un costo aproximado de $13,000 dólares, y que fuera legado a la ciudad por el filántropo español, Pedro Toribio y García.  De hecho, hacia el año 1917, a dicho hospital se le estaban haciendo algunas mejoras.  Su construcción de acuerdo a los informes de años previos, fue entre los años de 1910 a 1912, durante la incumbencia del alcalde José Muñoz Vázquez.

En cuanto a la beneficencia municipal en la ciudad de Guayama, el Hospital Toribio, hacia el 1917, contaba con una Sala de Operaciones, que según el médico director, A. G. Mehrhof, era conceptualizado "[...] como una de las mejores de la Isla." (Ver: Informe Anual Municipio de Guayama, 1916- 1917, p. 7).  Además, contaba con un moderno equipo de Rayos X.


Hospital Toribio de Guayama, c. 1918

Durante aquel año fiscal 1916- 1917, el Hospital Toribio había admitido a 406 enfermos.  De estos, 258 habían sido curados; 90 fueron clasificados bajo el término "incurables", y 58 habían fallecidos.  De acuerdo a las estadísticas del Hospital Toribio, en la municipalidad de Guayama, las enfermedades tratadas en dicha dependencia, eran: Paludismo, con 44 casos; Tuberculosis Pulmonar, 25 casos; Nefritis Crónica, 35 casos; Sífilis, 42 casos; Disentería, 24 casos; entre otras 107 condiciones de salud que aquejaban a los guayameses que solicitaban servicios al hospital.  A parte, se habían realizado 90 operaciones de "Alta Cirugía" y 50 de "Cirugía Menor", por lo que suponemos que la afluencia de pacientes a este único hospital local era continua.

Todas estas atenciones brindadas a la ciudadanía de Guayama hace un siglo, se hacía con un presupuesto asignado por el Concejo Municipal de Guayama para dicho año fiscal de $3,886.82.  De esta cantidad, se destinaría $1,643.99, para el salario del personal, incluyendo los médicos; $2,010.18, para la manutención de enfermos y empleados internos; y la cantidad de $141.80, para ropa y útiles.  Cabe destacar que el Hospital Toribio, había recibido ingresos que llamaban "de pudientes" que ascendía a la cantidad de $772.00, que de acuerdo al Informe de Beneficencia, "[...] había sido mucho mayor que el año anterior." (Ver: Informe Anual 1916- 1917, p. 11).

Los esfuerzos realizados por los funcionarios de la Beneficencia Municipal de Guayama para el año 1917, había sido también con la cooperación de otros médicos y la filantropía de "[...] damas y caballeros de esta localidad, quienes han hecho algunos donativos en beneficio de la clase desheredada que se asila en este establecimiento." (Ver: Informe Anual 1916- 1917, p. 12).  De acuerdo al practicante administrador del Hospital Toribio, Antonio López Comas, personalidades de la ciudad como Monserrate Cautiño (esposa del alcalde Cautiño Insúa); la viuda de Carlos McCormick, la señora Vázquez de McCormick; y hasta el propio alcalde Genaro Cautiño Insúa, habían aportado para el desarrollo del Hospital Toribio, en especial de su Sala de Operaciones.

En el mismo Informe Anual 1916- 1917, el médico de beneficencia a cargo de la Primera Demarcación, Tomás Domínguez, informaba que en su área de atención, que "[...] el estado general de la salud pública no ha sido muy favorable."  (Ver: Informe Anual 1916- 1917, p. 14).  El médico atribuía a enfermedades como la malaria, fiebre tifoidea, tuberculosis y enfermedades del sistema digestivo como las más "[...] frecuentes y en su mayoría reinantes."  (Ver: Informe Anual 1916- 1917, p. 14).   Otras condiciones señaladas en el informe de este médico en su área de demarcación lo era la viruela, variloide, varicela y el sarampión, catalogando a esta última como una verdadera epidemia.

No conforme con estas condiciones sanitarias del campesinado y obreros de Guayama, la tuberculosis, al parecer, hacía estragos en la zona urbana de la ciudad.  Mientras que la uncinariasis (que en el mismo informe reportaba la atención de casos en el Hospital Toribio), era común en la zona rural hacia el norte de la ciudad, particularmente en los barrios y sectores de Guamaní, Carite, Culebra y los Cafeítos de Guayama.  El doctor Domínguez, había sustituido como médico de esta Primera Demarcación al doctor José Ma Muñoz, en abril de 1917.  De los datos brindados en el informe por el doctor Domínguez, hasta abril de aquel año, el doctor José Ma Muñoz, había asistido a un total de 10,490 pacientes y que las condiciones que aquejaban a los ciudadanos de aquella zona eran: la malaria, fiebre tifoidea, uncinaria, tuberculosis y la enteritis "[...] en sus diferentes formas."  Dicho médico había atendido desde el 1 de julio de 1916 hasta el 11 de abril de 1917 a 10,490 pacientes con diferentes condiciones.  Por supuesto, la cantidad allí informada, muy posiblemente, se repitan pacientes; es decir, cada vez que acudían a la oficina médica se contaba dicha visita.  Por el doctor Domíguez, desde abril hasta junio de 1917, había atendido un total de 2,394 pacientes.

En cuanto a la Segunda Demarcación, en la que estaba dividida la ciudad de Guayama para la atención médica de sus ciudadanos, el doctor José González, también médico de beneficencia municipal, informaba de un dato que llama la atención y que no podemos dejar de lado.  Señalaba el doctor González, que si bien es cierto que la ciudad de Guayama había progresado, había observado que iba en aumento la llamada "población flotante", "[...] propia de las grandes ciudades."  (Ver: Informe Anual 1916- 1917, p. 12).  De acuerdo al médico González, dicha "población flotante", constaba de "[...] trabajadores que van de pueblo en pueblo en busca de trabajo haciendo sus mayores paradas en las ciudades grandes donde solicitan como único refugio cuando se enferman, la Beneficencia Municipal [...]".  (Ver: Informe Anual 1816- 1917, p. 12).  El asunto de la movilidad social es uno interesante, ya que sabemos por los censos poblacionales, que entre los años de 1910 y 1920, la población en Guayama creció en un 10%, coincidiendo, precisamente, con el auge de los sembradíos de caña de azúcar en las poblaciones costeras.  Mientras que en la zona cafetalera había una modesta reducción de trabajadores.


Vista de la ciudad de Guayama, c. 1918

Otro dato interesante en el informe del médico González, era que el Paludismo continuaba siendo durante dicho periodo de manera endémica.  Este médico apuntaba la causa a la necesidad de un alcantarillado que era "[...] una de las cosas más importantes para un buen saneamiento de una población [...]" (ver Informe Anual 1916- 1917, p. 13); por lo que solicitaba del Concejo Municipal que continuaran con las gestiones para lograr dicha obra.  De igual manera, este salubrista apuntaba a que el Acueducto Municipal ayudaría a reducir los casos de enteritis, cuando se aplicara al agua los químicos correspondientes, al poner en operaciones la planta de clorinización como parte de la Planta de Filtración de Guayama.  El médico informaba la atención de 5,511 pacientes; de estos 374 fueron atendidos en sus casas en el campo y 420 en los límites urbanos y 4,678 en su oficina municipal.

En fin, en este Informe Anual del Gobierno Municipal de Guayama, presentado por el alcalde Genaro Cautiño Insúa, para el año 1917, en cuanto a los asuntos de la Beneficencia Municipal se refiere, podemos observar una ciudad con su hospital que al menos contaba con recursos para sus operaciones como lo era la Sala de Operaciones y las de Rayos X, así como el personal que atendía a la población.

De igual manera, los médicos en este informe hacían observaciones en cuanto a lo que debería ser la buena marcha en los servicios de Beneficencia Municipal, así como la atención de sus pacientes.

Ciertamente, el municipio se esmeraba en la atención de sus ciudadanos.  Sus operaciones, aunque complejas, brindaban las herramientas para la atención a la población.  Cuando el estado comenazó a tener más control de los asuntos del país, y a centralizar algunos servicios que brindaba el municipio, este dejó dejó de tener preeminencia; más aún, desde el año 1993, en adelante y hasta la actualidad, se ha perdido el norte en cuanto a servicios básicos como la salud que brindaba el municipio en un momento dado.  Los municipios antes de 1993, se preocupaban por tener ambulancias, las mejores salas de emergencias, las mejores facilidades, algo que hoy día ya mucho no podrían por lo complejo del sistema de salud.

Estos acontecimientos que aquí presento, son parte de esa historia social de la ciudad de Guayama.